Libertad. Parece algo abstracto, hasta que piensas en Estados Unidos y su estatua. Esa que aparece en El Planeta de los Simios casi sumergida entre el mar y las rocas. Una representación tan apocalíptica y aterradora como lo que vemos en la película. ¿Qué hay más terrorífico que perder la libertad?

¿Por qué sentimos la libertad como algo puramente humano? La libertad la asociamos sin lugar a dudas con la capacidad de elección. Sentimos que está asociada a una inteligencia, a algo más allá del puro impulso que nace desde el instinto.

Ortega y Gasset señala que la vida no es más que un constante decidir lo que vamos a ser. Llegamos a este mundo sin haberlo decidido y de repente, no nos queda otra que enfrentarnos a lo que nos acontece. Nos vemos ligados a un mundo en el que nos sentimos de algún modo condicionados por él (nos limita), pero al mismo tiempo nosotros le condicionaremos a él. Creamos una simbiosis entre ambos. Pero en esa simbiosis, en ese coexistir del uno en y para el otro, nos encontramos de frente con un tener que hacer, un tener que decidir. Un navegar ante las circunstancias de modo que no naufraguemos. Para ser, nos tenemos que hacer.  Vida, eso que para Ortega es el principio radical (de raíz) de toda existencia, es ese acontecer que sucede en esa unión entre el yo y el mundo. Y esta vida está marcada por la constante elección que nos da la libertad.

Pero… ¿La libertad es una constante? ¿Es un absoluto? ¿Pero no estábamos limitados por las circunstancias? ¿Podemos hablar libertad absoluta y condicionada al mismo tiempo? ¿Cómo hablar de absolutos en la era de la posverdad? ¿qué sucedería si somos seres ya programados pero no lo sabemos?

A veces la Filosofía no trae respuestas y solo trae preguntas. A veces la Filosofía nos demuestra que todo a nuestro alrededor es tan absurdo y contingente, que nos deja casi peor que como estábamos. O no. Porque a mí me parece precioso verme rodeada de tantas opciones. Veer tantas posibles respuestas me hace sentirme más libre de lo que en realidad lo soy. Construyo mis propias opciones, mis planes de fuga. Creo mil caminos en mi mente y con eso me conformo para seguir navegando, tratando de no naufragar.

 

“Vivir es sentirse fatalmente forzado a ejercitar la libertad, a decidir lo que vamos a ser en este mundo”.

Ortega y Gasset.

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