Borro y escribo.

Pienso en aquella última noche en esa cama de dos por dos.

Borro de nuevo,

borro de nuevo aquella última mentira que me dijiste, aquella última mirada y aquella despedida que pensé que sería temporal.

Me prometiste que volverías a mi lado, pero jamás regresaste. Me quede sola.

Escribo.

Escribo sobre tu sonrisa cuando el sol acariciaba nuestras mejillas en aquella playa nudista. Sobre tus ojos cerrados mientras reposabas la cabeza en mi pecho, como si aquello fuera la única certeza que teníamos de una existencia precaria, como si fuéramos algo más y no algo menos, como si tuviéramos que ser eternos en una única mirada.

Borro, borro y olvido.

Olvido tu piel, aunque la tengo grabada en la mía, tus cicatrices y pecas que unía con el dedo índice haciendo constelaciones en una noche cerrada y oscura. Olvido el sabor a chocolate y menta que tenían tus labios cuando recorrían mi cuello. Olvido el punteo de guitarra feroz aquellas mañanas que quería dormir cinco minutos más.

El fuego y las cenizas se funden ahora en recuerdo. Desato las libretas de paginas quemadas y arrolladas, llenas de poesía marchita, de versos encadenados en besos y de besos forjados en versos.

Versándonos y besándonos.

Una vez más.

Una vez más me pregunto si tu sigues pensando en mi como yo pienso en ti.

Si cuando me voy resigues mi figura con la mirada hasta el final del camino, dibujándome lentamente en un recuerdo ínfimo. Si sueñas en nuestros momentos y en nuestras charlas o si estos son, tal vez, imaginaciones mías.

Me pregunto si piensas en el sonido de mi sonrisa, o en el café vertido sobre mis ojos. Si alguna vez hablaste de mi con alguien, o si signifiqué algo en este amasijo de recuerdos. Si confesaste algún sincericidio al oído de otra persona, o si esas palabras me las puedo guardar para siempre en una cajita de cristal. Frágil y delicada.

Sensible, pero con espinas.

Me pregunto si sangras cuando escribes o si escribes mientras sangras. Si sigues contando estrellas y coleccionando momentos. Si nadas entre hojas verdes y paseas por mares de dudas. Si aún te pierdes en los libros de medianoche y susurras historias fantásticas para poder dormir.

A veces, simplemente, me pregunto si piensas en mí.

Me gustaría pintarte con un lápiz y luego difuminarte. Me gustaría tocar con mi palma la palma de tu mano en una noche de verano, entre un colchón y unas sábanas ajenas a nosotros. Me gustaría besarte las palabras y acostarme con tus ideas.

Me gustaría pensarte sin idealizarte. Hacerte real y tangible, aunque parezca un sueño inoportuno.

Poesía hecha momento en una tormenta salvaje que azota mi corazón en la despedida más fugaz.

Palabras hilando amores. Viajes que vienen y van.

Y no sé qué pensar, si ilusionarme o dejarlo correr. Si correr hasta el borde del precipicio. Saltar o no saltar.

Saltar.

No.

Saber que volveré a verte me destroza.

Caída al vacío,

al vacío existencial.

Borro, borro todas estas palabras banales.

Escribo rabia,

escribo verdad.

Pero a veces,

a veces me pregunto si escribes sobre mí,

porque yo, sí lo hago sobre ti.

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