Sí, yo soy una dinosaurio. Pero una dinosauro de las buenas: de las de Filología Hispánica, de las de museos, de las obsesionadas con los manuscritos, de las amantes empedernidas de los clásicos (y la filosofía, y el arte). De Letras de capa y espada. De olor a libro, de emoción al descifrar una encrucijada sintáctica de dimensiones galácticas, de viajar y adorar (y querer estudiar) todos los idiomas. De las puritanas: la ortografía por bandera. Porque no cuesta tanto y porque tenemos una lengua preciosa.

Una dinosaurio de esas a las que se ataca tanto hoy en día. Porque parece que está mal si eres sensible, si te emocionas con un buen libro, si se te rompen todas las fibras al comprender y llegar al alma de cualquier tratado filosófico, si sientes cada pincelada en un cuadro… Si entiendes la desesperación, el dolor, la frustración que trae consigo la inspiración.

“Eso no vale, dinosaurio. Eso está ya pasado”. Y yo me resisto y reniego, y desespero. Porque no es verdad. Porque yo amo lo que hago y amo lo que soy. Amo a los que comparten mi sensiblería, el placer del don de la palabra, el éxtasis de lo que se hace con mucha pasión.

Meraki, se llama. Y de eso falta mucho hoy en día. Meteoritos contra dinosaurios. La soberbia del ignorante. Llamadlo como queráis. Así que no nos mires: únete. La lucha es constante y no parece haber tregua posible. Pero recordad: cuando nosotros callemos, gritarán las piedras. Por la emoción y la razón, por hoy, por ayer, por mañana. Por lo inefable, por las quimeras, por los sueños.

 

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¡Un abrazo a todos y nos leemos pronto! 🙂