No hay distancia entre dos cuerpos

que se tocan

y se aman,

y la primavera.

 

No hay diferencia entre dos almas

que se tocan

y se aman,

y la primavera.

 

Y unos pies acarician el césped,

y de repente son alas,

y juegan a buscar perderse

y se encuentran en el todo o nada.

 

No hay distancia entre dos cuerpos

que saben ser más que cuerpos,

y es que el sol nunca fue sólo un recuerdo

sino en la penumbra, una llaga.

 

No hay distancia entre dos almas

que saben tocarse como una balada,

cuando el sol es siempre compañero

de las flores que en tu pecho estallan.

 

No hay invierno en esta estación

que lleva tu olor y tu nombre,

porque no puede haber -ni hay- nunca frío

en el fuego del hogar de tu risa.

 

No ha existido muro de hielo capaz

de separar estos pies que son camino,

y que juntos son alas,

porque no hay distancia entre estas dos

almas

que son cuerpos,

porque no hay diferencia entre estos dos

cuerpos

que son almas,

porque la primavera está a la sombra

de cualquier césped,

donde jugamos los dos a ser cascada,

donde abandonamos el suelo

para ser testigos de que

entre tú y yo

no hay distancia

ni diferencia

que valga;

y por eso,

la primavera es eterna y descansa

en la certeza de sentirme pájaro

volando en los recovecos de tu espalda,

en la certeza de ser la nube

que dibuja el cielo

y que es libre en él

como yo en ti,

como esta magia,

como estos pies,

digo,

que a tu lado son alas;

 

como este corazón que

sabe que no hay diferencia entre

la primavera eterna y

descansar en tus manos

sin ninguna muralla.

 

 

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