Voy recuperando la paz. Poco a poco la calma vuelve. Me siento más yo, esta nueva yo, este cuadro, esta obra recién pintada e inacabada (siempre pintándose, en gerundio) Estoy más serena, más segura, más mujer. Me estoy recuperando a mí misma. Estoy recuperando mi sonrisa limpia y pura. A veces aún triste, pero sólo a veces -cada vez menos-. Estoy entrando en paz conmigo después de tanta guerra conmigo.

Me estoy perdonando, cuidando, amando. Me estoy abriendo a la vida en canal, exponiendo el corazón a ella, dejándole latir libre, loco, calmado, furioso, VIVO.

Estoy floreciendo. Estoy lloviendo. Estoy dejando salir el sol. Poco a poco. Paso a paso. El camino podrá ser largo, o no, pero ya estoy en él, valiente, cobarde, pero en él.

Me estoy conociendo, re-conociendo.

Me estoy descubriendo, re-descubriendo.

Veo y observo mi semejanza con los pájaros y sus alas, ese impulso de volar y surcar los cielos.

Miro a la luna llena de un viernes por la noche, y no puedo tener los ojos más abiertos, más brillantes. El mundo, la naturaleza, me sacude con su viento empujándome suave hacia delante. Estoy evolucionando, y todos mis sentidos están desplegados, a punto, para colmarse de esta preciosa, sin pausa, maravillosa, dramática, vida.

Estoy escribiéndo(me) sin normas, sin orden, dejándome ser caos apacible, reconfortante, hospitalario.

Y las palabras me van brotando. Y los sueños. Y las ilusiones. Y la poesía.

Quiero ser verso, poema, escalera, mar, arena…

Quiero ser.

Quiero estar.

Aquí.

                                                   Ahora.

                                                           Me quiero.

O, al menos, estoy en el camino.