Mucho se está hablando estos días de tres palabritas mágicas, controvertidas, trenzadas y enredadas:

 

 Feminismo, decálogo y enemigo acérrimo de la literatura.

 

En estos tiempos en los que vivimos, donde la información no se contrasta y gana el titular más airado y descontextualizado del mercado, nos encontramos con un paradigma que está, poco a poco, abriendo sus alas.

 

Y aquí va mi humilde respuesta.

 

El feminismo está remontando el vuelo a pasos agigantados, luchamos por la igualdad, por nuestros derechos, criticamos la sepultura a la que se nos ha marginado a las mujeres siempre. El feminismo es un movimiento más que recoge y recogerá la literatura y todas las artes: un movimiento más contra las injusticias. Es muy triste que en todas las carreras se borre o se anule el nombre de todas (o casi todas) las mujeres que han hecho historia.

Me empapé durante cuatro años de una carrera que me enseñó indirectamente que la literatura ha llevado nombre de hombre. Y eso es muy triste y muy injusto. Por eso hay que luchar y cambiar las cosas, y gritar hasta que nos oigan.

 

Ahora bien, amigas feministas, para hacernos hueco en este mundo no hay que matar al compañero. Para brillar no hay que apagar a otros. Es un error pensar que el mundo y el machismo van a cambiar por eliminar a Neruda. Oigan, no. Neruda, entre otros, es el padre de muchas de las personas que estudiamos literatura, de las que nos preocupa la poesía. No sé si es triste o no, no sé si es mejor o peor, pero es así. Tal vez algunas de sus letras están manchadas por un machismo que ha reinado siempre en nuestra sociedad, eso es cierto. Pero no podemos enjuiciar el pasado, de la misma manera que no podemos cambiarlo.

Quevedo se burlaba de las personas negras en su Boda de negros y no pasa nada. Quevedo responde a su época y nosotras no podemos cambiarlo. Neruda, al suyo. Y así sucesivamente con todos los autores y personajes a los que se quiere borrar del mapa.

Decían en la manifestación del 8M que el feminismo es alegría y celebración, y que lo triste es lo otro. No hagamos lo mismo. No repitamos los mismos errores. Para que los niños de hoy en día lean a mujeres no hay que borrar: hay que enseñar. Enseñar lo que se hacía y lo que se hace, y cómo, con el paso del tiempo, avanzamos.

 

Vamos a lograr cosas muy grandes, lo sé, lo presiento. Pero sin hacer daño, sin borrar, dando ejemplo.

 

Ese es mi feminismo: el que brilla sin apagar, el que enseña, el que debate, el que se cuestiona también a sí mismo, el que guía, cooperando con todos, por qué senda se ha de seguir. Sin mirar atrás, que ya sabemos que lo que fue, fue duro.

 

Hacia delante, compañeras, hacia delante y para atrás ni para coger impulso. Nosotras hacemos historia sin borrar la que nos precedió. Somos diferentes y vamos a crear un mundo diferente. Hagámoslo de otra manera.

 

 

 

 

 

❤❤❤

 

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¡Un abrazo a todos y nos leemos pronto! 🙂

 

 

 

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