Antonio Guerrero

 

CUANDO hablamos del “Quijote” todos tenemos en cuenta a Cervantes como referente de la obra más importante de la literatura española y una de las mas destacadas de la literatura universal; a todos nos viene el guiño sobre algún capítulo y hasta alguna frase celebre de ese personaje. No obstante el “Quijote” es mucho más: también es muy importante para la filosofía y para la cultura. En cierto modo el “Quijote” es el mito del “Quijote” -como lo es el de la Caverna de Platón-, y lo es porque además de ofrecer una crítica de su entorno se muestra como un ideal ético y estético ante su circunstancia: defiende un modelo de justicia, lo que conlleva a cuestionar al poder. Por otro lado el “Quijote” ha sido tenido en cuenta por filósofos de la talla de Ortega y Gasset. Fue el modelo social tenido en cuenta para su “yo y mi circunstancia” de su obra “Meditaciones del Quijote”, de donde sale la ética de la vocación (el quehacer). Unamuno lo tuvo en cuenta para su “Sentimiento trágico de la vida” y lo referenció al decir que el miedo volvía ciego al hombre. Aranguren a este respecto dijo que con esta obra se inició la modernidad. El mismo Aranguren y José M. Panea resaltaron al héroe en la obra, como modelo utópico de libertad y dignidad. De ahí surgió la idea para Aranguren de que el intelectual debía ser un héroe utópico e intervenir en su contexto histórico: eso es adquirir responsabilidad sobre él. El intelectual debía ser, en este sentido, cervantino y hacer de su vida una acción intelectual de orden moral. El pragmatismo del intelectual debía conducir el idealismo filosófico a la realidad para transformarla. No podía contentarse con la autocomplacencia o con la actividad contemplativa. Para Aranguren el intelectual debía salvar a la humanidad de dogmatismos, radicalismos y totalitarismos. Esa era su responsabilidad. No obstante ni en los tiempos de Aranguren ni en los actuales se da esta circunstancia. Por lo general los intelectuales están dentro de la cultura de masas. Además, se encuentran insertados en alguna estética que han convertido en su zona de confort. No muestran interés por lo ajeno, tan solo se contentan con el triunfalismo de su subcultura. En cierta medida el intelectual actual adolece de responsabilidad por la cultura que no le atañe. Por eso es bueno recordar al “Quijote”, al modelo del héroe, y a la idea de responsabilidad.

 

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