El siguiente texto es un texto que he escrito e ido modificando conforme leía a Stirner. Es un autor a observar con cuidado pero del que se puede extraer mucho.

Esta bestia llamada filosofía y este mundo están llenos de fantasmas, son solo una casa encantada – ¡Y quizá eso es lo maravilloso que vemos en él! -. Pero ¿Qué son estos fantasmas, espíritus, en definitiva, en que consiste el encantamiento de esta casa? Son lo que subyace a aquello que da valor en el sistema democrático al individuo, lo que para el humano racional y moral da valor a ese individuo. ”¡Dios! ¡la patria! ¡la moral! Esos son mis fundamentos, aquello en lo que se basan mis acciones y en lo que baso mi vida”. Te diré en que me baso yo: En mi mismo, en mi sinrazón, en mi inmoralidad, en la libertad, aquello a lo únicamente obedezco es aquello que libera al hombre de la soga de los espíritus, solo obedezco al martillo que rompa las barreras del poder que ejercen sobre mi los espíritus. Aquellos que filosofan a favor de los fantasmas están poseídos por ellos, no se diferencian mucho de aquel que hace teología, una teología de las ideas, si alguien te preguntara por el fundamento de la moral enseguida contestarías que su fundamento es la bondad inherente a esta, ¡Quien ose negar esa bondad será un loco! Quizá la moral se basa en la crueldad, el miedo y la democracia, ¡Yo maldigo esa democracia y a su madre, la cristiandad! Y yo digo que todo aquel que filosofa en favor de esto no es más que cómplice de la fantasmagorización de este mundo, de la corrupción del pensamiento que subordina al hombre a sus ideas. Qué es la moral más que la evidente prueba de que el hombre está subordinado a su pensamiento, pregunto yo, un deber sin fundamento que solo obedece al intelecto, que solo obedece a la cristiandad y su gobierno sobre las leyes universales, su fantasmagoría se ha apoderado de cristianos y ateos, responderé. Te pregunto yo, ateo, ¿en qué te diferencias del cristiano de tu moral a sus mandamientos? ¿De la obediencia a la razón a la obediencia a Dios? Ambos son seres supremos, espíritus que os poseen, ambos marginan y acaban con nuestra libertad. Pues permítaseme decir que yo no obedezco ni reconozco nada que esté por encima de mi y mi libertad.

Desde aquí me declaro contrario a la moral, a cualquier tipo de moral, escojo la guerra contra la moral y rechazo su supuesto virtuosismo. Creo bien que todo humano al nacer hace mal en no matar a sus padres, en no reclamar su existencia sobre la de cualquier otra cosa. Por eso yo decido matar a mis padres: al estado, a la moral, a la razón, a la democracia, ¡A todos los padres fundadores de esta decadencia! Qué hace de ti esta filosofía, pregunto yo, y yo me responderé: ¡Esclavos! Nada más que esclavos de espíritus.

Pondré el ejemplo de Heidegger ¿Qué es Heidegger más que el signo de la decadencia a la que el creía matar? Él luchaba contra una falsa decadencia, ¡Su pleitesía a los espíritus era la verdadera decadencia! Basó su filosofía en el Ser ¿Qué es el ser sino un espíritu? Heidegger dependía de aquello que gobierna los espíritus, las ideas. ¡Donde el ve Ser yo veo nihilismo! Un nihilismo reticente, diría. Heidegger hizo del sujeto la nada. ¿Por qué digo que reduce al sujeto a la nada? Para él la verdadera esencia y capacidad del Ser es la muerte, su temporalidad, no en vano su obra recibió el título de Ser y Tiempo. Yo me opongo a ello, la esencia del individuo es la vida, aquello a lo que él debe su esencia es por lo que debe luchar, aquello a lo que le debe necesariamente su idiosincrasia, aquello que debe acrecentar. Heidegger, el más vil de los hombres y el más débil de los pensadores, hizo del ser humano la nada, hizo del ser el ser-capaz-de-nada, Su filosofía se consumió en su propio nihilismo y, sin embargo, no fue capaz de abrazarlo. Stirner hizo de la nada la fuerza del hombre, Heidegger hizo de la nada su capacidad, ¡He ahí la diferencia entre un nihilismo débil y el nihilismo stineriano! Y llama él auténtica la existencia de aquel que admite su muerte, que deja de angustiarse y se entrega a la muerte, yo a eso lo llamo debilidad, cobardía, nihilismo y abandono, admitir la muerte haría que dejara de preocuparme por mi vida. Si hablara la carne, si la carne se levantara en armas contra nuestra mente ¿acaso creéis que encontraría satisfacción en la muerte? La muerte solo proporciona satisfacción intelectual, solo proporciona morbo al intelecto y las ideas, por eso yo digo ¡Pensemos con la carne! Porque la carne es aquello sobre lo que gobiernan las pasiones, la sinrazón, el espíritu anárquico es la carne, el yo ¡Lo es todo! La carne es la libertad y en tanto es así el intelecto proporciona nuestras cadenas.

La filosofía es un arma en nuestras manos, en manos del que piensa libre, en manos de aquellos que ya están en las academias repitiendo los viejos estribillos, para aquellos que quieren hacer de sus alumnos loros de la razón y la moral, para ellos es solo una forma de atacar nuestra libertad. Veamos que dice Stirner:

Los jóvenes son mayores cuando murmuran como los viejos, se les empuja a las escuelas para que aprendan los viejos estribillos, y cuando los saben de memoria llega la hora de la emancipación

‘’El imperativo categórico huele a crueldad’’ diría Nietzsche. Mi querido amigo Nietzsche, toda ética huele a crueldad, todas tienen un tono de imposición, todas son un crimen ¿contra qué? Contra la libertad, toda filosofía impone al hombre unas cadenas ¡No conozco nada más egoísta que la ética y su poder para operar sobre los espíritus! Como se idolatra a la razón, a la moral y a todos esos fantasmas heredados de una tradición filosófica podrida de cadenas, ¡Yo no deseo otro objeto que la libertad! ¡No tengo otra voluntad que el poder sobre uno mismo!

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