Sigmund Freud (1856- 1939), fue un neurólogo austriaco reconocido por sentar las bases para su psicoanálisis; el cual es un método terapéutico que se basa en la teoría del inconsciente como aquello que mueve e interpreta todos los deseos y frustraciones del individuo.

Freud, definió al psicoanálisis como un método terapéutico, una teoría psíquica y método de estudio de aplicación general capaz de  dedicarse al análisis de las más diversas culturas. Su libro “El malestar en la cultura” de 1930, entre otros escritos publicados en ese mismo año, nos hablan acerca de un concepto fundamental que ha sido abordado por diversas culturas, personajes, y estudiado a través de diversos enfoques: el sentido de la vida. En su libro de 1930, “El malestar en la cultura”, Sigmund Freud se pregunta acerca de si la vida del ser h

umano tiene un propósito, y de tenerlo, cuál es. Termina concluyendo que tal vez esta pregunta sólo emane de una vanidad antropológica. Esto lo comprueba argumentando que si el hombre se pregunta acerca de un sentido de vida, necesariamente habrá que preguntarse  por el de los animales, puesto que el ser humano no es único que posee este derecho.  Y si se presenta la tesis de que el fin de los animales es servirle al hombre, rápidamente puede quedar refutada por el simple hecho de que antes de la génesis del hombre ya existían ciertos animales y éstos se extinguieron mucho antes de que el hombre pudiera conocerlos.

De esta manera decide centrarse en preguntarse cuál es la mayor aspiración del ser humano, tal como lo dice, es difícil equivocar la respuesta; el ser humano aspira a la felicidad.

La felicidad se puede concebir de dos maneras diferentes: por un lado, como la ausencia de dolor y sufrimiento, y por otro, como la experimentación de intensas sensaciones placenteras.

Debido a que la vida suele ser demasiado pesada, y puede provocarnos diversos sufrimientos, muchas veces podemos llegar a conformarnos con evitar situaciones que nos puedan hacer sentir dolor y olvidar por completo lo que por definición es la felicidad; la experimentación de intensas sensaciones placenteras.

Ahora bien, Freud argumenta que para que el individuo pueda experimentar una intensa sensación placentera, es necesaria la existencia previa de displacer porque sólo a través de la satisfacción instantánea de tensiones acumuladas es como esta sensación puede surgir, y de acuerdo con esta índole sólo puede presentarse como un fenómeno episódico. Nuestra disposición psíquica sólo nos permite experimentar de manera prologada el contraste: el sufrimiento.

El sufrimiento nos llega por tres lados diferentes: el mundo exterior, nuestro propio cuerpo que está destinado a perecer, y las relaciones con otros seres humanos. Ante la angustia de la muerte y el mundo exterior nos vemos obligados a inclinarnos hacia lo inevitable, sin embargo, las relaciones humanas son quizá lo más eludible pero justo a lo que más nos aferramos.

Por otra parte, nuestra capacidad de frustración es imprescindible en la comprensión de todo esto ya que puede ser la clave para poder afrontar de mejor manera aquellas situaciones que puedan hacernos sufrir. Ver al dolor siempre como una consecuencia, nunca como una causa.

De esta manera, lo que plantea Freud es que somos seres hechos más para el sufrimiento que para la propia felicidad, y esto nos lleva a hacer un replanteamiento de lo que implica este concepto.

Un comentario de “La profunda necesidad e inevitabilidad del sufrimiento según Freud.

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