Rondaban mis 7 años la primera vez que escuche la palabra filosofía, mi madre la empleaba con un tono que mi mente aún no conocía y recuerdo vagamente que solía usarla en reuniones familiares en las que siempre sucedía lo mismo: yo hablaba, al terminar me miraba, decía que era una filosofa y todos reían. Me costó años entender a que se referían cuando me espetaban con un ” ¡Ay! las filosofadas de esta niña” así que por aquellos tiempos me limitaba a sonreír mientras algo interno se removía furiosamente, como un huracán.

Al crecer me di cuenta de que eso que llamaban “filosofía” era realmente mi inconformismo hecho preguntas, palabras y conceptos. Así que acepte que una parte de mi, una muy grande y vital, era rebelde de nacimiento.

Había nacido para cuestionarme todo.

Una vez más aquí estoy. Llevo algún tiempo en este lugar y justo ahora empiezo a plantearme que será de este puñado de letras que dejo caer sobre una plataforma digital. Realmente me pregunto que es la permanencia y sobretodo ¿Cuánto dura?

¿Cuánto dura lo indefinido?

Si nos basamos en eso que llaman verdad, todos sabemos que nada es eterno ya que la vida, como la existencia, está limitada por una ley vital a la que me gustaría llamar Caducidad. Esta, es la encargada de poner fin a las cosas, independientemente de si están vivas o no. Ya que los objetos (y sus propiedades), las ideas y los recuerdos también caducan.

Pues bien, esta hermosa mujer de pulso firme, rostro cobrizo, pálido y opaco nos iguala a todos y a todo, sin distinciones. Es curioso pero, a veces aún sabiendo esto, en nuestras mentes y en las mentes de aquellos que aún no la conocen retumba perpetuamente una idea fantástica llamada “Eternidad” consecuencia de la suma indefinida de permanencias.

Que bella la ingenuidad mientras dura ¿no? Pues bien, lo siento si con mis ansias rompo la idea idealizada que tienes de este suspiro cósmico que es tu vida, la mía y la de todos. Pero has de saber que la permanencia dura tanto como la alimentes o la alimenten.

Así es, esta que tan libre parece está sujeta a una fuerza mayor que la hace existente. Esclava de la dependencia, la permanencia campa a sus anchas entre los barrotes del tiempo.

Deja que me explique mejor. Aquello que consideramos eterno, como por ejemplo un recuerdo o un legado post mortem de un gran autor, se conserva gracias al constante uso que otras personas le dan. Creándose así una dependencia entre la permanencia y el sujeto que la hace precisamente lo que es.
De este modo, en el momento que ese colectivo que la mantiene viva la abandona la permanencia no tiene otro remedio que dejarse llevar por la Caducidad.

Por eso mismo, esta durará tanto como la alimentemos, así que debemos tener muy presente que no es indefinida si no indeterminada.

Vive, disfruta, no pienses en la permanencia si no en el instante que dura una brevedad. Algunas permanencias duran más que otras, es un hecho, pero, lamentabelmenete la Caducidad llega para todos .

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¿Qué pasa cuando el arte visual de una brillante fotógrafa se une a las palabras críricas de una alma incorformista? Lo bueno siempre es mejor cuando es doble y por eso a partir de hoy y espero que para siempre, todas mis entradas en el blog irán acompañadas de una maravillosa fotografía de Irene Hälley (@tocamelfrigopie en Instagram).

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