A continuación me gustaría compartir con ustedes una pequeña reflexión que, pese a ser breve, pretende ilustrar con una dosis de humor la realidad política (ciertamente, de cualquier país) que nos atañe. Y es que pocas metáforas son tan efectivas para hablar de políticos como la que usó en su momento Bernard Shaw; los pañales.

Veamos, hay un momento en nuestras vidas -en general cuando somos pequeños- donde la consciencia que tenemos de la política es nula, atravesamos por ende una ignorancia política. Luego, una vez que crecemos, esa ignorancia se va disipando de a poco dando lugar a nuestra forma personal de percibir la realidad política (según, claro está, ciertos factores que nos han ido determinando). Una vez que uno logra trascender con esfuerzo dicha ignorancia puede darse cuenta que, como bien dijo el dramaturgo nombrado al comienzo, “los políticos y los pañales deben cambiarse a menudo, y por los mismos motivos”. Tanto de lo mismo agota y perjudica.

Más adelante, hurgando un poco más en el entorno político y con el sentido crítico lo suficientemente agudizado -que de por sí cuesta conseguir-, terminamos viendo que algunos pañales ya están sucios antes de ponerlos (y hablando de políticos, suelen venir acompañados de un discurso de cambio, o sea, la mayoría…¿a quién no le cae bien un discurso alegre y convincente que habla de cambio en una época donde todo lo que se quiere es cambiar pero sin saber qué cambiar?).

Si uno se adentra aún más en las profundidades de la política, pero sobre todo si se logran abrir los ojos lo suficiente y por ende se cuestiona la realidad que lo interpela y se cuestiona a si mismo a fin de desnaturalizar lo normalizado, se termina dando cuenta que, si seguimos en este estado de necesitar pañales, difícilmente maduremos, difícilmente crezcamos como sociedad, difícilmente aprendamos a caminar.

Si, aprender a caminar como un niño que tiene el valor de servirse de sí mismo. Tal como dice Immanuel Kant en su escrito “Respuesta a la pregunta: ¿Qué es la Ilustración?” (1784), donde define la Ilustración como la salida del hombre de la minoría de edad de la que él mismo es culpable. Con minoría de edad no se refiere a la edad cronológica de cada sujeto, sino que la define como “la incapacidad de servirse de su propio entendimiento, sin la guía de otro”. Ese “otro” es el tutor, y dada la pereza y falta de valor que tienen la mayoría de las personas para salir de esa minoría de edad, constantemente buscan tutores, alguien que piense por nosotros, que mastique nuestra comida y nos de la papilla en la boca.

Y es que esto que en parte es una gran metáfora es también una forma de transmitir lo siguiente; algo estamos haciendo mal y no lo estamos viendo. Algo está generando que como sociedad cometamos los errores del pasado que nos impiden progresar, y tal vez el problema seamos nosotros mismos. Algo que nos hace decir “qué mal está la sociedad”, sin que nosotros nos sintamos parte -y responsables- de esa sociedad.

Como digo, los pañales pueden servir para contener, son por momentos un sostén, pero son también muestra de inmadurez, y tenemos que aprender a prescindir de ellos.

De los políticos también. ¡Sapere aude!


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