Comentan las feministas desde hace tiempo que a pesar de que todos sabemos que existe en nuestra sociedad, ningún hombre se reconoce como tal en dicho adjetivo. Machista siempre es “el otro”. En España nadie es machista y todos estamos por la igualdad, pero casualmente a la mayoría se le ha pasado apoyar a ese movimiento que lucha por dicho objetivo, el feminismo. Este movimiento aún se convoca en la boca de muchos como ese bárbaro grupo de mujeres que busca acabar con los hombres por el mero hecho de serlo, olvidando que lo que en realidad hacen es denunciar la violencia ejercida por los hombres contra las mujeres, esta vez sí, por el mero hecho de serlo.

Hasta que los hombres nos demos cuenta de que el machismo no hay que esquivarlo como esa mierda que vemos en la acera, sino que es más bien algo que hay que exorcizar porque ya lo tenemos dentro, será muy difícil que comprendamos realmente dónde está el problema. El machismo se denota en nuestros temas de conversación, en las palabras que usamos, en nuestras bromas, en nuestras conductas, en nuestras actitudes o en cómo usamos nuestro cuerpo. No es tan raro y no hay que llevarse las manos a la cabeza ya que es lo lógico siendo como somos productos de la educación que recibimos y de la sociedad donde hemos vivido.
Al feminismo me acerqué porque sus reivindicaciones eran tan ingenuamente lógicas que casi daba vergüenza no hacerlo, pero lo que me atrapó de lleno fue la brutal crítica que había que hacer no sólo hacia el exterior, sino en gran parte hacia el interior. Angela Davis nos recordaba que el feminismo es simplemente esa idea radical que defiende que las mujeres son personas, algo tan absurdamente de cajón, se pensará, que solo se lleva miles de años negando. El feminismo sirve para deconstruir muchos de lo que somos y pensamos, cosas que algunos puedan dar por supuesto como qué es el género, las diferencias entre masculinidad y feminidad (autosuficiencia o liderazgo para ellos, delicadeza y sumisión para ellas), entendiendo antes de nada que estos no son esencias sino ideologías construidas por las sociedades y donde la masculinidad lleva intrínsecamente unida a ella una serie de privilegios que la mayoría de hombres preferimos ignorar y de los que a todos nos cuesta desprendernos.
 
El feminismo sirve para entender los mecanismos de poder de género que están presentes en nuestras vidas o de que mucho de lo que hacemos es en realidad parte de esos papeles que hemos aprendido a asumir y tan difícil es quitarse de encima pues constituyen nuestra forma de vernos en el mundo. El feminismo nos sirve para tomar conciencia de muchos aspectos ignorados hasta hace bien poco de la historia de la humanidad, como el papel de la mujer como proletario del proletario a lo largo de esta, como denunciaba la feminista del siglo XIX Flora Tristán. Nos sirve, en definitiva, para comprender e intentar cambiar las sociedades en las que vivimos para que sean cada vez más justas con el objetivo de alcanzar finalmente esa igualdad real por la que todos dicen luchar pero no tantos como quisiéramos estamos dispuestos a asumir.
 
Feliz 8 de marzo.

 

Un comentario de “Machismo, ese desconocido

  1. Ruben dice:

    En los siglos que grecia transitaba la crisis social en todos sus areas, llego el cristianismo para imponerse. Y hoy en nuestros dias quien se impondra a tales faltas del ser?

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