Tengo manías y defectos:
y es que tiendo

a sentir palabras, no frases,
a desbocarme sin boca,
a entregarme al vaivén y la calma
de una hoja
-tan fuerte y frágil-
que flota.

Tengo la manía de creer
y crear,
de erigir como templo al arte
y adorar su divinidad con la vida
y con este desastre que soy.

Tengo la manía de crear
y creer que creo,
de sentir sin rodeos
y pensar demasiado,
de adornar la realidad
con la eternidad de lo bello
y la fugacidad de una imagen,
borrosa, y a veces nítida,
que me devuelve el espejo.

Tengo la manía de amar
y tener miedo,
de abrirme en canal el pecho
y entregarlo todo
salvo a mí misma,
salvo mi invierno.

Tengo la manía de hacer metáforas
que a veces ni yo entiendo,
pero qué importa,
si me empapan dentro,
si son la primavera de mi silencio,
el aliento de un pájaro sin jaula.

Tengo la manía de hablar de
defectos
cuando en realidad son versos,
y es que ya he aprendido
que también hay flores en el desierto,
también hay agua en mis manos,
también hay voz
-y reclamo-
en el silencio.

Tengo la manía de contar
manías,
de valorar lo que no tiene precio,
de salvarme cada día
amando el tiempo
cuando me olvido del reloj.

Y es que esta manía
de vivir
es tan bella,
que sin intención,
aparece una poesía
en un tren con destino a mi vida,
en una fecha de un calendario
donde no se acumulan los días,
en una estación que es
eterna y efímera primavera.

2 comentarios de “Manías y versos.

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