Y de repente, un día, te paras a pensar. A pensar mucho y bien. Y es que estás muy jodido. Muy jodido cuando te das cuenta de que no te molesta que dé vueltas en la cama, que a veces ronque, que tenga mal perder o que deje constantemente las puertas de los armarios abiertas. Que todo eso no importa. Que te gusta despertar a su lado, chincharle y cerrar todas las puertas que deja abiertas. Que adoras su perfume…

Muy jodido, ya te lo dije.

Jodido hasta el punto en el que planeas y sueñas con muchos posibles futuros: boda, niños (¡¿Pero cuándo he querido yo niños?!), viajes, cumpleaños, mudanzas… Cientos de futuros.

 

Lo cierto es que, esta vez, se han colado muy al fondo, que dejaste la ventana abierta y se han escapado muchos miedos e inseguridades. Así, casi sin querer. En medio de tus sueños, en medio de unas cañas al mediodía, en medio de tu vida.

Hiciste mudanza en el corazón para colocar todo y, mírate, todo patas arriba. Un dulce caos que ya no puedes (ni quieres) controlar.

 

La verdad es que sí, sí, estoy muy jodida. Pero ojalá y sigas jodiéndome hasta el fin de mis días.

 

❤ ❤ ❤

 

Y vosotros, ¿habéis sentido algo similar? ¿Estáis jodidos o aún de mudanzas de corazón?

 

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¡Un abrazo a todos y nos leemos pronto! 🙂