Pertenezco a un colectivo

al que no le pertenece nada.

 

Existo en el escupitajo

de aquel anciano obsceno.

 

Existo en el tarareo inocente

del niño que zapatea y juega

alrededor de las flores mustias.

 

Existo en la vibración ascendente

y descendente

de la paloma que busca llenar

su cuerpo de impureza

y vicio.

 

Existo en cada palabra

dolorosa y penetrante

de todo Príncipe bastardo

alimentado por los senos de Eva

y maltratado por la verga de Adán.

 

Existo en el pitillo

del joven despreocupado

que espera la llegada

del mesías simulado.

 

Existo en la luciérnaga plateada

de los Seres

que por pensar diferente,

sentir diferente,

son olvidados por

las estrellas sin punta

que nunca estuvieron encendidas.

 

Existo en el temblor emitido

por el taladro de los hombres con casco amarillo

que afloran en el amanecer

y perecen en el crepúsculo

de los abatidos.

 

Existo en el sonido

que proviene de la conversación

entre golondrinas

que no temen a la soledad

pura.

 

Existo en la hoja destrozada,

tapada por pisadas

de sangre purpura,

que observa desde la vieja piedra

las raíces del árbol que la desterró

pudriéndose y haciendo florecer

amarga seda

ingenua.

 

Pertenezco a un colectivo

al que no le pertenece nada.

 

*Photo by Hanna Postova on Unsplash

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