No hay anécdota más bonita,
que la de un suicida en vida.
Baila al filo del abismo,
con la corriente del aire por música.

Engaña a la muerte,
con cada nota que su cuerpo no siente.

Es capaz de tener público,
por el simple hecho de no mantenerse.

Nadie le entiende.

Ellos no saben que sin adrenalina
no se puede vivir.
Que si después de esta experiencia,
no siente supervivencia,
debe morir.

La corriente termina
un huracán se aproxima.

La última nota suena.

Él no le daba nombre,
yo le llamaba vida.

 


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