Tengo que decir que no soy muy aficionado a leer los medios de comunicación escritos. Cuando tu carrera no para de recordarte los mecanismos que se emplean en estas plataformas, pierdes la fe en ellos. Y en la humanidad, cuando ves los comentarios de la gente que llega a defender sin un atisbo de sentido crítico ciertas cosas que parecen sacadas del siglo XVIII (dónde se deberían haber quedado esos tipos de pensamiento).

Sin embargo, sigo a varios medios en mis redes sociales y no para de aparecer por mi pantalla el tema de las “portavozas”. No se quién lo dijo, seguro que alguien de izquierdas, porque en otro titular leí que defendían esa actuación los grupos Podemos y PSOE. Hoy, no se cuantos días después, los medios siguen reavivando el tema. Se ve que es más importante que el chaval al que está semana han multado por hacer un collage de su cara en una imagen de Jesucristo.

Hasta donde puedo llegar, sin haberme leido las noticias al completo (porque no quiero, quiero además que mi opinión política quede lo más al margen posible), entiendo esto:

  • En una rueda de prensa, alguien ha incluido en una frase “portavoces y portavozas”.

Ya está. Ese es el hecho en sí.

Lo que pasará a continuación te sorprenderá.

Efectivamente, portavoza no está reconocida por la RAE. Tampoco lo están otras que las nuevas generaciones frecuentamos, y que no por ello dejamos de utilizar (no penséis mal de mí, pero lo primero que me viene a la cabeza es “follamigo”). Es decir, vale, la gente podría utilizar palabras que no están reconocidas, pero que no por ello dejan de existir (el argumento más usado es “esa palabra no existe por la RAE”).

Bien, el diccionario de la RAE es una herramienta descriptiva, no prescriptiva. Es decir, este no te dice: “tienes que usar esta palabra así”, sino que “esta palabra es usada con estos sentidos”. Esto es así porque el léxico es lo más variable y evolucionable de la lengua. La gramática si tiene una función puramente prescriptiva. Y si esto no es así, por favor, te invito a que me corrijas. No quiero jugar a ser portavoza del sentido lingüístico universal, ni soy filólogo.

Vale, ¿entonces por qué tanto revuelo? Porque como no, nos vemos inmersos en un nuevo episodio de “Polítizame”, el reality show 24 horas que no se emite en la tele, sino que vivimos día a día.

Cuando esta Irene Montero (ya he buscado quien lo dijo), pronunció esto, los medios lo pusieron en mayúsculas y en titulares, como no. Seguro que era más importante como dijo algo que que dijo en todo el mensaje.

¿Por qué están tan interesados todo el mundo en esto?

Bueno, es Irene Montero. De Podemos. Aunque solo hubiesen resaltado la inclusión de esa palabra, las redes sociales arden cuando alguien de izquierdas toca el tema de la igualdad. El panorama que me he llegado a encontrar en Facebook a llegado a ser dantesco; gente rajando de que existen quejas sobre la desigualdad o se toque el tema del feminismo, porque una de las mayores derrotas del sistema moderno ilustrado es que los mediodes de comunicación se han convertido una placa de Petri que ha permitido cultivar el pensamiento machista, irreflexivo y establecido del discurso de “la igualdad ya existe, es que os quejais mucho, deberíais dar gracias”.

El tipo de comentarios anteriores convive con la tendencia a renovar el discurso de “las invasiones bárbaras” con las nuevas plataformas ciudadanas surgidas a partir del movimiento 15M. La significación de opciones políticas como posiciones enteramente anti-españolas se extiende hasta el ámbito de la lengua. “Mira, es que a parte de querer quitarme mis propiedades, robarme y destruir el país, quieren desvirtuar la lengua española”, puede ser el resumen de muchos de estos comentarios sin exagerar para nada.

En otros discursos críticos, se encuentran las opiniones de que eso no es luchar de verdad por la igualdad.

Bueno, creo que eso es una opinión más razonada.

Yo no creo que la opción de Irene Montero haya sido la correcta. Portavoz es una palabra formada por composición, que una de sus raíces es “voz”. Voz es una palabra femenina. De hecho, portavoz es una palabra invariable en cuanto a género. Añadir una “-a” a la palabra portavoz para significar que Irene sobreentiende que la “o” es genuinamente masculina, y por tanto acabar en -“-oz” es utilizar una palabra masculina.

Creo que existen muchas palabras mejores que muestren la naturalización del género masculino lingüístico como género inclusivo bajo el que referirse a personas de género masculino o femenino por igual. Incluso, aunque yo cuando escucho el género masculino lingüístico en palabras no lo asocio con los hombres en general, entiendo que se reivindique que se cambie.

Porque entiendo que ese geste fue, a fin de cuentas, un intento de Montero de incluir la igualdad en el campo de lo simbólico.

El lenguaje es con lo que manejamos el mundo. Con lo que lo conocemos, descubrimos, procesamos, transformamos y mostramos a nuestros allegados. La presencia tradicional del “hombrecentrismo” ha dejado huella incluso en la lengua y eso no es opinión, es un hecho. Tanto es así que hemos llenado nuestro imaginario con ello. Cuando la humanidad ha conseguido algo maravilloso, le atribuimos el mérito al “hombre” como especie (“El hombre ha llegado a la Luna”). Se puede rastrear un componente antropológico en sus origenes, puesto que parece presuponer que el hombre es lo representativo de la especie es el hombre, es lo que unifica a todo ella, y la mujer es una variante que queda recogida por el primer término. O simplemente porque cuando la exploración y la guerra estaba restringido a un ámbito exclusivamente masculino, era el hombre el que llegaba a nuevos puertos.

Empezar a femeneizar lingüísticamente palabras puede no ser más que un gesto simbólico, pero también puede ser una herramienta transformadora. Depende de como se utilice. Pero este caso a supuesto una gran derrota; en vez de permitir configurarse como un evento sobre el que reflexionar, se ha abierto la caja de Pandora y la caza salvaje continúa. Parece que ya no queda espíritu crítico

Las personas actúan cada vez más como portavozas de la verdad universal, pero se convierten en una mera caricatura del sabio que una vez se imaginaron. Entiendo que no pueda gustar algo, o que prefieras que lengua tengo otros derroteros. En un debate como el que se ha planteado con esto, el discursos debería haber sido “Yo prefiero esto…” o “No quiero que la lengua sea de tal…”.

Pero sin embargo tenemos los insultos, los cantos de sirenas sobre invasiones bárbaras y gente recordándonos que ellos son los verdaderos defensores de la “españolidad”, y que pensar distinto nos convierte en apátridas. El grito ya no lleva voz, es solo ruido.