Imprégnate de primavera,

huele a rosa,

expón tus pétalos

y regala tus espinas

como si no quemaran,

como si quemaran

pero no -y sí-.

 

A plumas explota,

que vuelen las ganas

y los vuelos se llenen

de cielo,

y allí arriba

siente la contradicción

de poder ser luna

en pleno día.

 

Viste tu piel de piel,

y abandona la idea

de no abandonarte a las ideas.

 

Que se abra el alma,

que dance el tiempo

sin melodía,

pero con música,

la música que no tiene notas.

 

Que Sabina repita aquéllo

de bailar el día del fin del mundo,

y tú estés bailando

siendo el comienzo de tu mundo.

 

Que las palabras no sean

testigo,

sólo ojos, sólo puertas,

solas,

inmortales, muriendo al ser y no ser,

-como nosotros-.

 

Que los labios no muerdan,

o sí,

que la lengua no se afile,

tan sólo se tuerza.

 

Que el agua llene el manantial

de tus sentidos,

y todos ellos sean bienvenidos,

malditos por ser tan pocos,

benditos por ser más

de los que son.

 

Y que las manos no agarren,

suelten,

y el corazón no lata,

cabalgue.

 

Deja que el amanecer llene tu cama,

y tu pelo sea fuego,

y tus piernas una casa,

una ventana,

una

 

Escribe puntos suspensivos,

escribe,

escupe versos sin motivos,

escupe.

 

Y sólo entonces,

quizá por vez primera,

vive,

y transforma la muerte

en una palabra.

Y déjala llover,

y dé-ja-te llover.

 

Y florece,

y no,

y vuelve,

y no.

 

Sé primavera,

pósate en tu flor,

y en todas las flores.

Bébete el néctar

de estar vivo.

 

Sé primavera.

Soy primavera.

Hoy

soy

primavera.

 

Y mañana…

Continúa(rá)

 

 

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