Ya no sé ni dónde escribo

ahora llevo la tinta en mi piel

los versos son quizá cada latido

y mi aire el espacio entre símiles.

 

Abuso de metáforas sobre pájaros,

crecen en mí las alas que una vez convertí en olvido,

dejando en tierra nidos que fueron lastres

despegando libre sobre ruido y barro.

 

Reniego de “nuncas” y “siempres”,

me agarro fuerte al mástil de la aventura

lejos de mí quedan ya esas costas

donde cualquier oportunidad era ya una derrota.

 

Soy tan libre que me besa el viento

y el tiempo no es ni siquiera una línea,

ardo y brillo, esa es la fuerza que tengo,

soy un ave fénix que lame sus propias heridas.

 

Estoy bailando sobre el papel

sintiendo la belleza de estar viva,

estoy sintiendo la belleza

bailando la vida que estaba escondida.

 

Podéis buscarme entre versos

planeando grácil sobre el reloj,

para mí la muerte sería el silencio,

la condena en el suelo de un ruiseñor.

 

Por eso vuelo y me expreso en mis poemas,

quizá –y no– más de lo que hablo,

porque soy tan libre que me escapo,

etérea, jamás ya frágil, orgullosa guerrera.

 

Y a pesar de tanta guerra,

ahora soy paz,

y gracias a tanta guerra

ahora soy mejor poeta.

 

Aunque mi meta siempre fue ser poema

pues en él dibujo el horizonte

donde jamás ni el océano ni la vida terminan,

ni tampoco estos versos,

porque vuelan,

Yo vuelo,

por eso vuelan…

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