Ningún sueño se precipita

insaciable por el abismo.

 

Alguien deseaba volar

y pudo hacerlo subido a un pájaro de metal ardiente.

 

Alguien deseaba explorar la agitación de la Tierra

y pudo hacerlo navegando en un gigante

que descansaba mansamente sobre ondas azules y saladas.

 

La libertad escondida entre henos de aspiraciones

fluía silenciosa y herméticamente por las arterias de la soledad

y los huesos de la savia,

aplastados por la corpulencia de la empresa

y el cuerpo de la viuda.

 

Sus impulsos naturales,

volcanes de fantasía,

eran recipientes colmados de amor,

incapaces de derramar ninguna gota de rendición.

 

Ningún sueño es enterrado

en un suelo lleno de esponjas grises

que están a punto de sollozar

y emitir estocadas de luz.

 

*Photo by Jordan McQueen on Unsplash

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